Me siento extraño,
en tierra extraña,
veo un mundo enorme
devorarlo todo,
a sus súbditos,
a sus agregados…
Veo odio,
agobio,
injusticia y desolación,
y veo mi impotencia;
gimo y no sé lo qué hacer,
gimo y me lamento,
y siempre me pregunto
que por qué somos así,
que por qué no somos buenos.
El día se levanta,
y al levantarse el día
se levanta quizá mi esperanza;
pero sí un sueño:
que ojalá hagamos hoy
un amanecer eterno y mañana.
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