Me duele el corazón,
Dios mío, ¿qué me hás hecho?
Dios mío…
¡Dios! Estoy roto,
me hallo sin consuelo,
sin respuesta,
sin nada,
sin nada, Dios.
Sólo soy capaz de callar,
de estar en silencio,
porque no tengo
claridad de pensamiento,
porque mi alma es un mundo
de locos enredos,
ya no sé lo que espero
o si lo que espero
es un imposible.
No sé nada,
ya no sé ni llorar,
dejé atrás la sencillez,
la inocencia que tenía,
un mundo frío vino
a congelar mi corazón,
la única y pequeña razón
que tenía mi vida,
mi pequeña y única razón,
un sueño de altos vuelos,
un enorme deseo de ser,
de existir y vivir,
se congeló un día.
Y cuando recuerdo,
cuando vuelvo a desear,
me da pena,
lo que fui y ahora soy;
quizá que lo que fui,
que lo que fue
nunca más será.