Siempre he soñado con la paz,
con poder volar,
poder deslizarme por nubes blancas,
rosadas y espumosas.
He soñado con jardines,
con lunas plateadas,
con olores penetrantes,
con respirar amor,
sólo amor…
Soñé con que mi corazón,
hoy triste y marchito,
se hinchaba de gozo,
del gozo extremo de la libertad,
de la liberación extrema,
de no estar atado,
de no ser esclavo.
Perdí en la memoria del espíritu
el número de mis exclamaciones,
perdí bajo un velo opaco
la cuenta de mis oraciones.
¿Perdí la esperanza,
aquella dama sublime
que hace grandes a los hombres
y pequeñas a las ilusiones?
Pero aquel sueño de antaño
vuelve hoy fuerte y feroz,
reforzando mi esperanza,
aquella que creí perdida,
aquella que me pudo
vuelve hoy más poderosa.
Y mi sueño,
que es una ilusión,
se viste de verde,
del azul del cielo,
y no sé si se podrá,
pero hoy, por lo menos,
al menos,
hoy quiero tener fe,
la esperanza de antes,
un sueño.